Cazando bajo la Cruz del Sur y la Estrella Polar

Cazando bajo la Cruz del Sur y la Estrella Polar

ISBN: 9788494333057

En este último libro del cazador Tony Sánchez-Ariño, el autor cambia de continente y nos traslada con su pluma a los fríos bosques del norte de Polonia tras el bisonte europeo, a la helada taigá siberiana tras los osos grizzlies en el extremo más oriental de Rusia, y al cálido clima del Northern Territory en Australia tras los búfalos acuáticos.

Pero en un libro de Tony, sin embargo, no podían faltar referencias al continente negro, y en otros capítulos del libro nos descubre parte de sus primeros años en África tras la senda de los elefantes, como en el capítulo de “Liberia, ese rincón perdido de África…”, donde desembarca en Monrovia en 1955 a la edad de 25 años, después de una travesía en barco de bandera alemana que toma en las Islas Canarias, desconociendo todo sobre el país y su funcionamiento, pero atraído por la circunstancia de que la caza del elefante y el resto de especies salvajes se pueden cazar de forma ilimitada legalmente pagando una licencia de caza. Allí termina averiguando todo lo que necesita, y se dirige a una zona montañosa cubierta de espesas selvas, alejada de todo signo de civilización, en la parte más oriental del país.

O en el capítulo “Una lágrima por Angola”, donde siguiendo los pasos de Fenykovi, reorganiza la compañía Luiana Safaris, que operaba entonces en las orillas del río Luiana, a cinco días de viaje de la capital Luanda, en una zona remota alejada en las llamadas “Tierras del Fin del Mundo”. Para llegar a Luiana, Tony tenía que llegar primero a Victoria Falls, en la entonces Rhodesia en avión, y desde allí, continuar en Land Rover hasta Sesheke a orillas del río Zambeze en Rhodesia del Norte por una mala pista. Allí cruzaba el río por un pontón para llegar a Katima Mulilo, en el límite noreste del “Caprivi Strip”. Luego, desde este punto, se internaba por el Barotseland, en Rhodesia del Norte, hasta llegar a la orilla del río Cuando, donde dejaba el Land Rover. Una vez allí cruzaba el río Cuando en un pequeño pontón construido con bidones de gasolina vacíos, en lo que tardaba casi una hora con la ayuda de pértiga, hasta llegar por fin a la orilla opuesta que era Angola. Allí tenía otro Land Rover para llegar hasta el campamento base a unos 80 kilómetros, situado a unos 7 kilómetros del “Posto do Luiana”, último y más remoto centro administrativo del Gobierno en toda Angola.

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Jan Oelofse ha fallecido

 

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El cazador profesional y conservacionista de renombre mundial, Jan Oelofse, de Jan Oelofse Hunting Safaris de Mount Etjo Safari Lodge, falleció el pasado 14 de octubre a la edad de 78 años, tras sufrir un ataque al corazón y ser trasladado de urgencia al hospital de Otjiwarongo.

 En el libro de memorias escrito por su mujer, Annette Oelofse (Capture to be free) describe cómo entró en el negocio de la captura de animales de caza en 1973, utilizando el hoy famoso “Método Oelofse” para capturar fauna salvaje y proveer animales en todo el sur de África. Con el tiempo compró un rancho en Namibia para sus excedentes de fauna, convirtiéndolo en el Santuario de Caza Okonjati y el Safari Lodge Monte Etjo, con una superficie de 30.000 hectáreas.

 Jan Oelofse nació y se crió en la sabana namibia cerca de la Reserva de Caza de Etosha. A finales de la década de 1950 se trasladó a Tanganyika (actual Tanzania) para cazar y capturar animales salvajes para los zoológicos extranjeros. Era una época en que las técnicas de captura eran todavía rudimentarias.

 En 1960, trabajó para la Paramount Pictures, capturando y entrenando a los animales de la película “Hatari”, protagonizada por John Wayne, Elsa Martinelli, Hardy Krüger y otros actores famosos, llegando incluso a doblar al actor John Wayne en las escenas más peligrosas.

 En 1964 se incorporó a la Junta de Parques de Natal en Sudáfrica, donde desarrolló la técnica de captura que lleva su nombre. Miles de animales eran descastados al año para intentar aliviar un excesivo pastoreo en los Parques Nacionales. La tarea de traslocar a los animales vivos recayó sobre los hombros de Jan. Después de aplicar el lento y tedioso método tradicional de África Oriental (la captura de animales a caballo y con redes), un método con alta mortalidad, a Jan finalmente se le ocurrió la idea de capturar animales en masa utilizando bandas anchas de plástico opacas y la ayuda de un helicóptero. El método Oelofse revolucionó completamente el conservacionismo en el sur de África y  hoy es un estándar mundial para la captura masiva, sentando en su día las bases para la reubicación de animales de caza y su cría en rancho como la conocemos hoy en Namibia y Sudáfrica.

 Diez años más tarde regresó a sus raíces y se estableció en un rancho cerca de donde se crió, arrendando aproximadamente 5.000 hectáreas de terreno, una granja con el nombre de Etjo previamente utilizada para la cría de ganado. Plantó sus tiendas bajo una enorme acacia, fijó el teléfono al tronco de un árbol, y con sólo 700 dólares namibios en el bolsillo, coraje, determinación y su amor por la naturaleza, reintrodujo nuevas especies de caza en las tierras arrendadas. Más tarde compró esas tierras, junto con las tierras vecinas, llamadas Okonjati, y así fundó el Santuario de Caza de Okonjati. Tardó 30 años en levantar el Santuario de Caza de Okonjati hasta su tamaño actual de 30.000 hectáreas y crear un refugio para cientos de diferentes especies de animales salvajes y de aves. Introdujo rinocerontes blancos en 1975, elefantes en 1985, así como otras muchas diferentes especies como el sable y el roan.

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El Tigre y el Marco Polo. 1969 y 1975. Prólogo

Como adelanto a la próxima publicación del libro El Tigre y el Marco Polo. 1969 y 1975, aquí va el prólogo, escrito por D. Íñigo Moreno de Arteaga.

JUAN LUIS, UN CIENTÍFICO ROMÁNTICO

Escribir sobre un libro de Oliva de Suelves es muy fácil, lo difícil es no escribir después de haberlo leído.

Juan Luis ofrece en este nuevo volumen dos cacerías contrapuestas que suponen dos viajes tan distintos como la noche y el día.

En uno, la India y el tigre, componen la gran aventura exótica,  el Asia embrujadora que como el propio autor confiesa: “todavía sigo embobado con su belleza, su luz, su color…”; en el otro es el reto imposible, la dureza de las grandes cumbres, la voluntad para vencerlas.

En esa antítesis se desarrolla el texto de Juan Luis y ¿Por qué no? también se ha desenvuelto su vida.

Porque mi amigo es un hombre plural: hijo y sobrino único de dos hermanas sin más familia, es persona generosa que desconoce el egoísmo; ingeniero industrial- el más joven de la historia- siente una inclinación invencible por las culturas antiguas y la investigación arqueológica; empresario de éxito es un romántico que todavía sueña con los Salgari o Julio Verne de su infancia.

Enamorado del aire libre y los espacios abiertos, forzosamente había de ser cazador y un cazador ansioso de autenticidad, que le ha llevado desde las perdices en mano por tierras de Lérida, al Pirineo primero y luego, hasta las cumbres más altivas del mundo entero.

Su inquietud venatoria le ha llevado a recorrer, rifle en mano, los distintos Continentes,  a patear sabanas, hundirse en selvas, trepar riscos…y también a trabajar en el Consejo Internacional de la Caza (Vicepresidente de la Comisión de Trofeos), en la Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza y en la de Cataluña (Presidente en ambas). La caza ha sido para Juan Luis una vocación personal y un servicio a la sociedad.

Esta obra se inicia con una conversación entre el autor y el mito viviente de los cazadores africanos, Tony Sánchez-Ariño. Oliva sueña en voz alta sobre una cacería al tigre en las selvas asiáticas con todo el misterio que evoca la India, y el profesional, lleno de realismo, le contesta que el felino rayado es dificilísimo de conseguir y que los demás animales “son ratas piñoneras” como le gusta definir a las especies menores que el elefante.

Esa controversia entre la imaginación y la realidad va a estar presente durante toda la obra.

Porque El tigre y el marco polo, 1969-1975 es un libro de caza, cierto, y también un apasionante libro de viajes. Esa parte de la literatura que produjo tantos títulos en los siglos XVIII y XIX, cuando se desconocía más de la mitad de la tierra, y que ahora se ha abandonado, no porque queden pocas regiones ignotas, sino porque falta la mirada curiosa de una mente despierta.

Oliva de Suelves recrea para el lector una India que, posiblemente, se ha diluido en la modernidad pues la pujanza industrial hindú y la uniformidad de costumbres de nuestro tiempo han trasformado en gran parte su cultura, pero en el momento en que trascurre la acción que él describe, era casi igual a la de la época victoriana, y para un observador atento como el autor, ofrecía campo para mostrar situaciones y personajes que pudo haber tratado el propio Kipling.

El relato es una delicia en todos los aspectos y el sentido del humor sirve para subrayar lo más pintoresco de lo que se cuenta o se descubre.

Vamos a conocer los contrastes, muchas veces sobrecogedores, del Asia profunda, abigarrada y populosa, junto a la visión divertida de un joven que se enfrenta a sus ensoñaciones, y a quien la realidad, cruda realidad muy a menudo, no le impide exponer y disfrutar ambas caras de la misma moneda.

La excursión no la realiza en soledad, viaja en compañía de dos amigos, jóvenes, cultos y alegres, y el disfrute de esa amistad trasciende a las páginas del libro.

Para centrar las cacerías, se anteponen unos textos con la historia de los pueblos y la descripción de los animales que se van a cazar. El lector no llega ayuno al territorio de caza, ni desembarca solo con el rifle, se le ha ofrecido previamente un sólido conocimiento de la zona y de las especies.

Ya dije que Juan Luis es cazador, y un cazador de espíritu despierto que se abre a toda curiosidad.

Los primeros capítulos tienen el aroma intrigante y fantasioso de la India de los rajás, de personajes con turbante y de elefantes como transporte.

La parte dedicada al carnero de Marco Polo, quizás el más emblemático animal de montaña, representa el envés de la hoja comparada con la del tigre.

Hoy resulta una cacería complicada por la altitud en la que se desarrolla, pero sin otra dificultad. Los campamentos son fijos, bien acondicionados, se llega a ellos por medios mecánicos y los Marco Polo son tan numerosos que el éxito está asegurado y el tiempo necesario para conseguirlo se ha acortado drásticamente.

Cuando lo vivió Juan Luis, con sus esforzados acompañantes, la expedición tenía tintes muy distintos.

Por de pronto se desarrollaba en Afganistán, el país más bravo y guerrero de Asia, como han podido conocer la tropas inglesas en el siglo XIX y las rusas, americanas y muchas europeas en el XX y XXI. El acceso se hacía a lomos de yak y a golpe de calcetín, se malvivía en campamentos improvisados y había que buscar la caza de noche cerrada para llegar a sus pastos antes de que los abandonara. Era una cacería épica en la que hacía falta espíritu emprendedor y aventurero para emprenderla.

La que nos cuenta Juan Luis reúne todos los atributos, pues además forman parte de la expedición un herido al que hay que cuidar y una “débil” mujer que exige las obligadas cortesías. Si no quieres caldo, taza y media.

En los años setenta suponía viajar a lo desconocido pues si bien algunos oficiales ingleses y rusos, amén de unos pocos científicos, se habían aventurado por la meseta del Pamir, aquella era una zona tan desconocida como la luna, a la que se había hollado no hacía mucho, y el corredor de Wajam lo más similar a Marte.

Afganistán era no solo un país ignoto sino que, además, estaba conceptuado como muy peligroso. Así se presenta el escenario de la segunda parte del libro.

En estos capítulos vamos a descubrir la dureza de la alta montaña que se magnifica en Asia por el tamaño descomunal de las cordilleras, la pobreza de las poblaciones y la extensión inverosímil de las jornadas.

La montaña es una escuela para el hombre, en ella se aprende austeridad porque sus cuestas obligan a prescindir de todo lo que no es esencial y a valorar hasta menudencias que pueden llegar a trastocar los planes mejor combinados. Un excelente ejemplo es la recomendación que hace Juan Luis en La técnica de la caza de montaña, de recortar las uñas de los pies antes de enfrentarse a una excursión por las alturas, pues de no realizar esa mínima operación los descensos pueden convertirse en un sufrimiento que arruine el viaje mejor organizado.

La montaña también enseña a valorarnos por nuestro justo valer, a descubrir que el humano es muy inferior físicamente a la presa que persigue y que solo el espíritu puede llegar a dominarla: por la inteligencia para urdir una estrategia y, sobre todo, por la voluntad que hará vencer a la dura naturaleza. ¡Qué cierto es que a las montañas no se sube con las piernas sino a fuerza de voluntad!

Si el silencio y la soledad son dos compañeras habituales de las cumbres, en los tremendos picos asiáticos, toman la magnitud de esos montes que, con justicia, se han llamado “techo del mundo”.

La condiciones que imponen tales circunstancias -para mí virtudes- y lo esencial de la vida montana forjan una raza de hombres que se parecen entre sí a pesar de la distancia a la que vivan, el lenguaje con el que hablen y las costumbres a que estén habituados. También por eso llegan a entenderse venciendo las dificultades accidentales que podrían separarlos.

Todo ello queda patente en la obra de Oliva de Suelves.

Este es el cuarto libro que Juan Luis ha dedicado a la caza y los viajes. En el último publicado planteó un esquema similar al de este: la dicotomía se basaba en la angustia de la selva ecuatorial, húmeda, oscura y con un techo de clorofila, frente a las alturas sin vegetación arborea de la cordillera del Altai, en las que el cielo llena el horizonte. En ambas cacerías la política constituyó una parte de la trama añadiéndolas picante y la dimensión humana y realista.

No le es nueva, por tanto, esta experiencia y sabe bien como resolver la alternancia de recuerdos cinegéticos con el mundo que rodea la venatoria; los lectores no van a encontrar una repetición monótona de lances y paladearán, en cambio, una divertida mezcla de viajero observador y amante de la caza más pura.

Su rigor de ingeniero, esto es de científico, le lleva a estudiar en profundidad la historia de las regiones que recorre, y con la misma precisión ofrece una visión somera pero completa de las dos especies, tigre y carnero de Marco Polo, que son los protagonistas pasivos del texto.

Todos, aficionados a la caza y entusiastas de los viajes, van a disfrutar con sus páginas y a todos se las recomiendo con la seguridad de acertar.

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Batidas de Osos en Transilvania

El siguiente relato, es un extracto del libro de Ramón Estalella, Caza Mayor Internacional, sobre unas batidas de osos en Transilvania.

Me encontraba en la zona de Covasna, en los Cárpatos rumanos. Había viajado hasta este paraíso de la caza acompañado de mi mujer y de mis grandes amigos de Santo Domingo, Fernando Viyella y su mujer Gracita. Nuestro organizador y amigo Arpad Sarkani, había preparado unas batidas de osos y jabalíes en uno de los cotos preferidos del extinto Ceaucescu. Los guardas le habían garantizado que había una buena concentración de osos en unos valles cubiertos de hayas, pues a pesar de que el año había sido nefasto de bellotas y hayucos, concretamente en esos pagos los árboles habían estado cuajados de frutos, que son una de las comidas predilectas de los osos. Gracias a esta excepcional circunstancia se habían concentrado en los valles todos los osos de los alrededores, devorando con enorme fruición las frutas que les darían calorías suficientes para poder resistir los rigores del duro invierno rumano.

 

Si quieres comprar el libro sigue el siguiente enlace: http://www.editorialsolitario.es/catalog/product_info.php?cPath=23&products_id=39

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Relato de una de las últimas cacerías de tigres

Esta es la portada del libro que estamos preparando, y que esperamos que esté listo para finales de mayo.

El Tigre y el Marco Polo, 1969 y 1975

Para comprar, pinche en la imagen

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